Este 14 de febrero interpreté, junto con mis compañeros de cámara, un arreglo de tres lieders para voz de Glinka, compositor ruso de la primera mitad del siglo XIX. Son unas piezas fáciles de un gran lirismo para los instrumentos que llevan la voz cantante; si bien es cierto que el piano tiene un papel de acompañante, teniendo el protagonismo en las introducciones y sirviendo de colchón rítmico/armónico durante el resto del tiempo.
Son unas piezas realmente útiles para el aprendizaje de tocar música camerística, ya que el lenguaje de estos arreglos no es tan unidimensional como la típica melodía acompañada que hay en gran parte de los lieders, sino que tiene diálogos entre viola y violín.
La interpretación que hicimos tiene fallos (algunas notas desafinadas y algunas notas falsa por mi parte), sin embargo expresivamente está exactamente como trabajamos, lo cual nos deja al grupo un buen sabor de boca.